Cientos de miembros en Guatemala se
tambalean ante el peor desastre natural que ha
atormentado sus países en casi tres décadas.
Más de 500 guatemaltecos, incluyendo
un miembro de la Iglesia, murieron entre más de 400
avalanchas de lodo e inundaciones severas como resultado
del huracán Stan. Más de 1,400 personas han sido
reportadas desaparecidas después de que el pueblo de
Panabaj en el noroeste de Guatemala quedara soterrado
bajo lodo entre el 8 y 9 de octubre. El daño fue tan
severo que la ciudad deberá ser abandonada para
siempre. Los líderes de la Iglesia continúan haciendo
un conteo de los miembros en la región.
La última vez que una catástrofe tal
golpeó a Guatemala fue el 4 de febrero de 1976; cuando
un terremoto de magnitud 7.5 estremeció la ciudad de
Guatemala reclamando más de 22,000 vidas.
Entre tanto, las unidades de la
Iglesia en El Salvador y el sureste de México lidiaron
con sus propios problemas. Un miembro mexicano murió y
una capilla en Tapachula, México se dañó severamente
después de haberse inundado con varios pies de agua,
según Garry Flake, el director de emergencias de la
Iglesia. También hubo daños menores en tres centros de
reuniones en Guatemala y en seis en El Salvador.
La ansiedad en Guatemala y El
Salvador también aumentó después de que estas dos
naciones experimentaran actividad volcánica y sísmica.
Los nombres de los miembros que
murieron aún no han sido revelados. Los oficiales de la
Iglesia reportaron que los misioneros en las áreas
afectadas están a salvo, a disposición y ayudando con
los esfuerzos de rescate.
Las inundaciones y avalanchas también
han dejado sin hogar a docenas de familias Santos de los
Últimos Días. 70 familias de miembros en México y 20 en
Guatemala perdieron sus hogares. Muchos otros podrán
salvar sus hogares sólo después de limpiar grandes
cantidades de lodo.
“Este ha sido un desafío real – dijo
el hermano Flake, quién viajó a Guatemala para
supervisar los grandes esfuerzos humanitarios de la
Iglesia – Muchos han estado fuera de sus hogares.”
Las inundaciones y los derrumbes de
lodo acompañaron a la implacable lluvia, reportó la
Prensa Asociada. Se estima que más de 200,000 hogares
de guatemaltecos fueron dañados, destruidos o amenazados
por nuevas lluvias.
Mucho de los desalojados han
encontrado refugio en las capillas de la Iglesia. Unos
1,700 individuos en Guatemala y otros 130 en El
Salvador, permanecían en centros de reuniones de la
Iglesia hasta el término de esta noticia.
En total, 27 capillas han sido usadas
como centros para evacuados en México, Guatemala y El
Salvador. Hasta este momento, el 25 por ciento de los
evacuados quienes se refugiaron en capillas, han
retornado a sus hogares; dijo el hermano Flake.
Las inundaciones y derrumbes de lodo
impidieron el transporte y comunicación con muchas de
las áreas afectadas. Por muchos días, la ciudad
mexicana de Tapachula permaneció aislada del resto de la
ciudad. “Tapachula recibió un fuerte golpe”, dijo el
hermano Flake. Mientras tanto, 18 carreteras en
Guatemala recibieron daños severos, dejando muchas áreas
inaccesibles por algún tiempo.
Los esfuerzos de la Iglesia por
ayudar a los afectados llegaron a su punto máximo el 10
de octubre cuando la ayuda llegó a todas las capillas
que estaban siendo usadas como hogar de evacuados en
Guatemala. “Ya hemos entregado provisiones a cada
unidad de la Iglesia”, mencionó el hermano Flake.
Un avión pequeño también se usó para
sondear los daños y entregar suministros de emergencia a
muchas comunidades aisladas. Élder Spencer V. Jones,
presidente del área Centro América y miembro de los
Setenta voló hacia las áreas aisladas que fueron
impactadas, para reunirse con los líderes locales del
Sacerdocio y ofrecer ayuda a los miembros.
“En todas las áreas los miembros
estaban muy felices de ver a un miembro de la
Presidencia de Área”, dijo Julio Alvarado, director de
Asuntos Públicos en Guatemala. “(Élder Jones) confirmó
que ha sido difícil lograr el acceso a las áreas
afectadas, pero que los miembros han recibido las cajas
con provisiones enviadas desde la ciudad (de
Guatemala)”.
Más de 150,000 libras de comida,
medicinas, ropa y otras provisiones fueron recolectadas
en almacenes del obispo en Atlanta, Georgia; y Orlando,
Florida; y enviadas a la ciudad de Guatemala el 12 de
octubre. Se espera que los suministros hayan sido
distribuidos entre los miembros por medio de pedidos de
los obispos. La Iglesia también estuvo trabajando junto
con algunas agencias guatemaltecas de socorro para
entregar la ayuda a aquellos que la necesitaran, dijo el
hermano Flake.
Como era de esperarse, los miembros
en los países afectados contribuyeron vigorosamente con
su ayuda. Miembros en México, incluyendo muchos
estudiantes de la escuela Benemérito, propiedad de la
Iglesia, prepararon 6,000 cajas de comida que fueron
enviadas al sur de México.
“Los miembros están recibiendo ayuda
al tiempo que se identifican sus necesidades y se
habilitan maneras de llegar a ellos”, escribió el
director de Bienestar del área de México Sur, el élder
Levi Ontiveros en un E-mail a Church News.
Gran cantidad de fuerza de trabajo se
enlistó también en Guatemala, donde cientos de miembros
contribuyeron con tiempo y esfuerzos haciendo cualquier
cosa que se necesitara para ayudar a aquellos en
necesidad. Al ver a sus compañeros Santos de los
Últimos Días, el hermano Alvarado recordó la tropa de
los primeros miembros en 1856 que dejaron sus hogares en
Lago Salado para rescatar a sus compañeros miembros que
pertenecían a las desafortunadas compañías de carros de
mano de Martin y Willie.
Una vez que las necesidades
inmediatas de los miembros sean cubiertas, los oficiales
de bienestar de la Iglesia y los líderes locales del
Sacerdocio comenzarán a hacer frente a los problemas a
largo plazo que enfrentan muchos Santos de los Últimos
Días víctimas del desastre en la región. “Muchas
comunidades han sufrido daños considerables en sus
cosechas, así que se esperan continuas necesidades de
alimentos”, dijo el hermano Flake.
Mientras tanto, la reconstrucción de
hogares también se llevará a cabo de forma individual,
agregó.
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