Luego que el gobierno de El Salvador
decretara alerta roja en todo el territorio nacional, a
causa de las constantes lluvias que han azotado al país
como efecto del huracán Stan y la erupción del volcán de
Santa Ana, el Comité de Emergencia Nacional, COEN,
presidido por el Señor Presidente de la República Elías
Antonio Saca, pidió a la Secretaría Nacional de la
Familia presidida por la Sra. Ligia de Saca, su esposa,
que organizara junto con la Secretaría de la Juventud,
el centro de recolección de donaciones a nivel nacional
ubicado en el local de la Feria Internacional.
Enfáticamente solicitó que las personas
que ayudaran en el centro de recolección más grande del
país fueran “las más honradas en las que ella pudiera
confiar”, por esa razón, los miembros y misioneros de la
Iglesia, junto con el Club 20-30 y la Asociación
Acrópolis fueron reclutados para esta labor.
Al hacer contacto con el Comité Nacional
de Asuntos Públicos de la Iglesia, dirigido por el Hno.
Carlos F. Rivas se solicitaron grupos de 60 jóvenes y
misioneros en cada turno, quienes hasta el día jueves 6
de octubre habían completado unas 4,000 horas de
trabajo. Todos los miembros de la Iglesia, portando sus
chalecos de “Manos Que Ayudan”, se distinguían de los
otros grupos de trabajadores en las diferentes jornadas.
La labor consiste en desempacar,
clasificar, reempacar y enviar en camiones todas las
donaciones que se reciben por parte de empresas
privadas, gobiernos amigos y personas particulares.
Este gesto de la Primera Dama fue
interpretado por los miembros y líderes de la Iglesia
como muestra de total confianza en un momento en que el
país vive la peor tragedia nacional del año.
El número de muertos se ha elevado a 64
y hay más de 40,000 desplazados de sus casas por el
peligro de derrumbes. Con 16 mil personas refugiadas,
la cifra continúa en aumento de acuerdo con las
estimaciones del Comité de Emergencia Nacional. Todas
estas personas están repartidas en 361 albergues,
distribuidos en toda la república.
En medio de la lluvia y largas jornadas,
jóvenes y adultos, junto con misioneros de todas las
estacas de San Salvador, trabajaron durante turnos de 8
horas. El trabajo parecía interminable, pero
entendiendo que una cualidad natural en los miembros de
la Iglesia es su capacidad de organización en todas las
actividades diarias, lograron preparar procedimientos,
cadenas humanas, y otras actividades para hacer más
efectivas las tareas realizadas con el inmenso número de
donaciones recibidas en los grandes edificios de la
Feria Internacional.
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